viernes, 9 de octubre de 2026

El medicamento japonés para regenerar dientes: qué se ha probado y qué falta

La posibilidad de regenerar dientes con un medicamento ha vuelto a circular en redes sociales. Detrás de los titulares existe una investigación japonesa real: TRG035, un anticuerpo experimental dirigido contra una proteína que interviene en el desarrollo dental. Sin embargo, el avance del proyecto y la demostración de que funciona en personas son cuestiones diferentes.

Al 9 de octubre de 2026, su desarrolladora, Toregem BioPharma, había comunicado que la fase I en Japón estaba completada. También había anunciado un paso regulatorio para una fase IIa destinada a pacientes pediátricos con ausencia congénita grave de dientes. Esa información permite hablar de progreso clínico, pero no de un medicamento disponible ni de eficacia humana demostrada.

Para entender el alcance de la noticia conviene distinguir qué se observó en animales, qué investigó el primer ensayo humano y cuál es la población prevista para la siguiente etapa.

Mano enguantada que sostiene un espejo y otros instrumentos de exploración dental en una clínica.
Instrumental odontológico; imagen de contexto. Foto: Katarzyna Zygnerska.

Una proteína que regula el desarrollo dental

TRG035 se dirige contra USAG-1, una proteína relacionada con señales que participan en la formación de los dientes. La hipótesis consiste en neutralizar parte de su acción para permitir que ciertos procesos de desarrollo dental avancen.

El trabajo científico publicado en Science Advances en 2021 estudió esta vía mediante experimentos con animales. Los investigadores observaron que bloquear la función de USAG-1 podía aliviar la ausencia congénita de dientes asociada con distintas alteraciones genéticas en ratones.

El mecanismo estudiado está vinculado con la señalización de las proteínas BMP. No se trata simplemente de reparar una pieza dañada: la propuesta busca favorecer la formación dental actuando sobre mecanismos biológicos que regulan su desarrollo.

Ese resultado abrió una línea de investigación prometedora. Aun así, identificar una función en animales y aprovecharla mediante un fármaco humano exige etapas adicionales. El artículo aportó evidencia experimental para continuar el desarrollo, no una demostración de regeneración dental en pacientes.

Lo que mostraron los experimentos en animales

La Universidad de Kyoto explicó en febrero de 2021 que la administración de un anticuerpo neutralizante contra USAG-1 había recuperado la formación de dientes en ratones utilizados como modelo de agenesia congénita. También describió la aparición de nuevos dientes en ratones sin esa alteración.

Estas observaciones muestran que modificar una señal concreta puede cambiar el desarrollo dental dentro de un organismo. La investigación va más allá de una propuesta teórica: existe un efecto observado en condiciones experimentales.

Pero ese efecto no responde por sí solo a todas las preguntas clínicas. Que aparezca un diente en un modelo animal no permite concluir que el mismo procedimiento producirá resultados útiles y previsibles en una persona.

La transición necesita comprobar aspectos que los titulares suelen condensar demasiado. Debe establecerse qué ocurre tras administrar el candidato a seres humanos y, posteriormente, qué beneficio puede ofrecer a los pacientes para quienes se desarrolla.

La fase I examinó principalmente la seguridad

El primer ensayo humano de TRG035 quedó registrado en Japón con el identificador jRCT2051240154. Su diseño corresponde a una fase I de administración única, con asignación aleatoria, doble enmascaramiento, comparación con placebo y aumento progresivo de dosis.

El portal oficial del Ministerio de Salud japonés recoge un objetivo de 30 participantes. Identifica la seguridad como evaluación principal y la farmacocinética y la aparición de anticuerpos contra TRG035 como evaluaciones secundarias.

La farmacocinética estudia el comportamiento del medicamento en el organismo. La medición de anticuerpos contra el propio fármaco permite investigar una posible respuesta inmunitaria a su administración. Son preguntas diferentes de comprobar si se forman nuevos dientes.

Según el plan presentado por Kitano Hospital, esta primera etapa se realizaría en adultos sanos con ausencia de al menos un molar, con el propósito de estudiar seguridad y dosis. Su participación no convierte el ensayo en una demostración de eficacia para cualquier causa de pérdida dental.

Toregem informó en agosto de 2026 que la fase I estaba completada. Completar el ensayo, sin embargo, no equivale a establecer una seguridad definitiva. Las fuentes primarias revisadas tampoco aportan resultados clínicos que demuestren regeneración dental eficaz en personas.

La siguiente etapa apunta a la agenesia congénita

El 17 de agosto de 2026, Toregem anunció que la agencia japonesa PMDA había terminado la revisión requerida de la notificación para una fase IIa exploratoria.

El estudio previsto, identificado como TR-002, se dirige a pacientes pediátricos con ausencia congénita parcial grave de dientes. Su diseño es abierto, multicéntrico, sin grupo comparador y orientado a buscar dosis.

El comunicado situaba después de ese trámite la revisión del comité ético del centro, la incorporación de participantes y el comienzo de la administración. Por tanto, anunciar la revisión de la notificación no permite afirmar que esas etapas posteriores ya se hubieran realizado.

Al corte de esta revisión, no se encontró una fuente primaria posterior que confirmara el inicio efectivo. La descripción precisa es que el programa había completado su primera fase y avanzaba en la preparación regulatoria de la siguiente.

Dientes que no se formaron y dientes perdidos

La agenesia congénita significa que uno o varios dientes no se desarrollan. Es una situación distinta de perder una pieza que previamente se había formado.

Kitano Hospital presenta la ausencia congénita como el objetivo inicial del programa. También menciona la posibilidad futura de investigar regeneración para pérdidas adquiridas por caries, enfermedad periodontal o traumatismos.

Esa aspiración no constituye un resultado clínico. Tampoco permite trasladar automáticamente a una persona que perdió un diente las observaciones obtenidas en modelos de desarrollo dental.

La historia de la odontología reúne caminos diferentes para afrontar los problemas de la boca. La historia del cepillo de dientes de William Addis aborda la fabricación de herramientas de higiene; el programa japonés intenta resolver una pregunta de desarrollo biológico. Compartir el interés por los dientes no convierte esas intervenciones en equivalentes.

Lo pendiente es demostrar beneficio en seres humanos y delimitar su alcance. La investigación tiene fundamentos experimentales y ha llegado a ensayos clínicos, pero esas etapas todavía no justifican presentar TRG035 como una solución probada para recuperar dientes perdidos. Su interés reside en la pregunta que intenta resolver y en la evidencia que aún debe producir.

jueves, 8 de octubre de 2026

Robert Koch y Atoxyl: el costo humano de una expedición colonial

Robert Koch ocupa un lugar destacado en la historia de la medicina, pero su trayectoria también incluye decisiones que dañaron a pacientes africanos. En una expedición contra la enfermedad del sueño, el investigador utilizó Atoxyl, un medicamento con arsénico, y aumentó su dosis buscando mejores resultados. Hubo personas que perdieron la vista.

El episodio circula hoy acompañado de relatos dramáticos sobre encierros y persecuciones. Para comprenderlo conviene volver a los documentos: permiten reconocer el daño, precisar lo que ocurrió y distinguir las propuestas de Koch de las medidas efectivamente aplicadas. Esa diferencia importa cuando se cuenta una historia sobre personas cuyo sufrimiento merece algo más que una escena impactante.

Robert Koch y Richard Pfeiffer trabajando con un microscopio en Bombay, hacia 1897.


Robert Koch y Richard Pfeiffer en Bombay, hacia 1897, antes de la expedición africana.

Un Nobel antes de la expedición

En 1905, Koch recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus investigaciones y descubrimientos relacionados con la tuberculosis. Así lo establece la ficha oficial del premio. La distinción llegó antes de la expedición que aquí examinamos; no premiaba los ensayos con Atoxyl.

La precisión ayuda a situar al protagonista. Un reconocimiento científico señala aportaciones concretas y no constituye una aprobación de toda una carrera. Al leer biografías de figuras célebres, es fácil permitir que el prestigio de un descubrimiento se extienda a cualquier decisión posterior. El caso de Koch invita a revisar esa costumbre y a preguntar qué consecuencias tuvo cada actuación para quienes quedaron expuestos a ella.

Una investigación dentro del orden colonial

Entre 1906 y 1907, una comisión dirigida por Koch viajó a África oriental para estudiar posibles tratamientos contra la enfermedad del sueño. Según la historia institucional del RKI, trabajó en las islas Sese, junto al lago Victoria, entonces bajo dominio británico. La misión había sido encargada por organismos alemanes vinculados a la administración colonial y sanitaria.

El propio RKI señala que entre los intereses de la expedición figuraba conservar trabajadores y soldados. Esto permite observar cómo la investigación médica se entrelazaba con las necesidades del poder colonial. La atención de los enfermos convivía con objetivos administrativos y económicos.

Para leer el episodio, la geografía también cuenta. Una expedición alemana podía investigar en territorio controlado por otra potencia. Reducir todo el recorrido a una única colonia borra esas relaciones y dificulta comprender quién tenía autoridad en cada lugar.

Atoxyl y los límites de la mejoría

La biografía de Koch publicada por el RKI explica que Atoxyl contenía arsénico y produjo resultados inicialmente alentadores. Sin embargo, el efecto sobre los parásitos no se mantenía suficientemente. Koch duplicó la dosis pese a conocer los riesgos del medicamento. Muchos pacientes sufrieron dolores y cólicos; algunos quedaron ciegos.

Una mejoría inicial puede resultar convincente para un investigador que busca una respuesta urgente. Pero evaluar un tratamiento exige mirar también cuánto dura el beneficio y qué daño produce. En este episodio, fijarse únicamente en la reducción de los parásitos dejaría fuera una consecuencia esencial: la pérdida de visión de personas tratadas.

La historia de un fármaco se vuelve incompleta cuando solo sigue el entusiasmo de quien lo administra. También necesita atender a los efectos que cambian la vida cotidiana de quienes lo reciben, aunque el documento científico los registre en unas pocas líneas.

Los casos de ceguera reconocidos por Koch

El informe contemporáneo de 1907, conservado por el RKI, ofrece datos concretos. En la página 536, Koch describe el aumento de 0,5 a 1 gramo por inyección, con intervalos de siete a diez días, y cegueras permanentes en ambos ojos. Registra después el retorno a dosis menores. En la página 542 reconoce 22 casos observados de ceguera y los atribuye al tratamiento.

Es una evidencia particularmente relevante porque procede del responsable de la expedición. La cifra debe presentarse con su contexto: son los casos que Koch declaró en ese informe, no un recuento definitivo de toda la historia posterior del medicamento.

En la página 544 también consigna 1.633 pacientes y 131 muertes durante diez meses. Ese balance no permite atribuir todas las muertes al Atoxyl. Mezclar mortalidad de una población enferma con fallecimientos demostrados por toxicidad transformaría un registro histórico en una conclusión que el dato, por sí solo, no sostiene.

Campamentos y propuestas de permanencia

El mismo informe recoge abandonos del tratamiento y declara que, en aquellas condiciones, no ejercían ni podían ejercer coerción. Más adelante propone campamentos donde los enfermos debían permanecer durante uno o dos años. Hay que distinguir esa propuesta del funcionamiento observado en el lugar de investigación.

La declaración de Koch sobre la coerción tampoco demuestra consentimiento informado ni ausencia de presiones. Un documento redactado por quien dirige una investigación muestra su posición; no reemplaza las voces de los pacientes. Esa limitación debe acompañar la lectura, especialmente cuando existen relaciones coloniales de poder.

Con las fuentes aquí examinadas no se puede sostener una escena de mil prisioneros rodeados de alambradas, ni describir persecuciones de fugitivos o tumbas específicas. Omitir esos detalles sin respaldo permite concentrarse en hechos graves que sí están documentados, sin añadirles una certeza artificial.

Cómo recordar un legado incómodo

En su revisión del legado colonial, fechada en septiembre de 2024, el RKI considera éticamente inaceptables los trabajos de Koch sobre la enfermedad del sueño. La institución también reconoce la necesidad de investigar lagunas del conocimiento histórico y evaluar esas actividades desde una perspectiva ética.

Para los lectores, este caso amplía el panorama de la historia de la medicina: además de descubrimientos, contiene decisiones sobre riesgo, autoridad y trato a los enfermos.

Recordar a Koch exige examinar sus aportaciones y sus responsabilidades con fuentes identificables. Las cegueras registradas, el contexto colonial y las propuestas de internamiento bastan para plantear preguntas difíciles. Contarlas con precisión permite que las personas afectadas tengan un lugar en la historia, en vez de quedar reducidas a cifras o a personajes de un relato viral.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Historia de la astrología médica: cuando los médicos buscaban respuestas en las estrellas

Durante siglos, una operación podía aplazarse no porque el paciente tuviera fiebre o estuviera demasiado débil, sino porque la Luna atravesaba un signo relacionado con la parte del cuerpo que se iba a tratar. Hoy esta idea parece extraña, pero durante buena parte de la Antigüedad, la Edad Media y el Renacimiento, observar el cielo formaba parte del trabajo de numerosos médicos.

La astrología médica no fue una curiosidad aislada ni una creencia reservada a curanderos. Llegó a estudiarse todo sobre el horoscopo en universidades, apareció en manuales de salud y sirvió para elegir el momento de una sangría, preparar remedios o intentar anticipar la evolución de una enfermedad. Sin embargo, su historia también está rodeada de exageraciones y citas falsas. Comprender cómo nació, por qué convenció a tantas personas y qué provocó su desaparición permite asomarse a una época en la que el cuerpo humano se entendía como un pequeño reflejo del universo.

Historia de la astrología médica

¿Qué era la astrología médica?

La astrología médica era un sistema que relacionaba los movimientos de los astros con la salud, los órganos y el curso de las enfermedades. Partía de una idea central: el ser humano era un microcosmos, es decir, un mundo pequeño que reproducía el orden del macrocosmos formado por el cielo, los planetas y los elementos.

Quienes practicaban este método asignaban determinadas funciones del cuerpo a los signos del zodiaco y a los planetas. También combinaban esas correspondencias con la teoría de los cuatro humores, las estaciones, la edad del paciente y cualidades como el calor, el frío, la humedad o la sequedad. El resultado era una compleja red de asociaciones que, dentro de los conocimientos disponibles en aquel tiempo, ofrecía una explicación aparentemente coherente de la salud y la enfermedad.

No existió una única astrología médica, idéntica en todos los lugares y siglos. Sus reglas cambiaron según la cultura, la época y el autor. Tampoco todos los médicos aceptaron sus conclusiones. Aun así, la observación del cielo ocupó un lugar importante en varias tradiciones médicas durante cientos de años.

Los orígenes: de Mesopotamia al mundo grecorromano

Las raíces más antiguas se encuentran en Mesopotamia, donde sacerdotes y escribas registraban eclipses, movimientos planetarios y otros fenómenos celestes. Aquellas observaciones no se centraban al principio en el diagnóstico individual, sino en presagios que podían afectar al rey, las cosechas, las epidemias o el destino de una ciudad.

Con el paso del tiempo, las tradiciones mesopotámicas se encontraron con la filosofía natural y la medicina del mundo griego. En el periodo helenístico se desarrolló una astrología más centrada en la persona y en su carta natal. Autores como Claudio Ptolomeo, que vivió en el siglo II, organizaron muchas de las ideas astrológicas de su época. Su obra Tetrabiblos no era un manual médico, pero ejerció una enorme influencia sobre los sistemas que más tarde relacionaron planetas, temperamentos y partes del cuerpo.

La teoría de los cuatro humores

La medicina griega explicaba la salud mediante el equilibrio de cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Cada uno poseía ciertas cualidades. La sangre se consideraba caliente y húmeda; la flema, fría y húmeda; la bilis amarilla, caliente y seca; y la bilis negra, fría y seca.

En siglos posteriores, estas categorías se conectaron con los elementos, las estaciones y los astros. Una enfermedad podía interpretarse como un exceso de frío, calor, humedad o sequedad. El tratamiento pretendía restaurar el equilibrio mediante la alimentación, plantas medicinales, purgas, sangrías u otros recursos. La astrología aportaba, en teoría, información sobre el mejor momento para actuar.

La falsa cita de Hipócrates sobre la astrología

En internet se repite una frase atribuida a Hipócrates: “Un médico sin conocimientos de astrología no tiene derecho a llamarse médico”. El problema es que no existe una fuente fiable que permita encontrar esas palabras en el corpus hipocrático conservado.

Los textos asociados a la tradición de Hipócrates sí prestaron atención al clima, las estaciones, los vientos, el agua y el entorno. Eso no equivale a demostrar que el médico griego pronunciara aquella sentencia. De hecho, uno de los rasgos más importantes de la medicina hipocrática fue su intento de explicar algunas enfermedades mediante causas naturales, no como castigos divinos. Por eso, lo correcto es presentar la famosa cita como una atribución tardía y no como una declaración histórica comprobada.

El hombre zodiacal: un mapa del cuerpo escrito en el cielo

Una de las imágenes más conocidas de la astrología médica es el homo signorum, también llamado hombre zodiacal. Se trataba de la figura de una persona rodeada por los doce signos, cada uno conectado con una región corporal.

En una distribución muy difundida, Aries gobernaba la cabeza; Tauro, el cuello; Géminis, los brazos y los hombros; Cáncer, el pecho; Leo, el corazón y la espalda; Virgo, el abdomen; Libra, la zona lumbar y los riñones; Escorpio, los órganos genitales; Sagitario, los muslos; Capricornio, las rodillas; Acuario, las piernas y los tobillos; y Piscis, los pies. Podían existir variaciones entre manuscritos, pero el recorrido general descendía desde la cabeza hasta los pies siguiendo el orden zodiacal.

Estas ilustraciones no eran simples adornos. Circulaban en manuscritos, almanaques y libros médicos como herramientas de consulta. Una regla extendida aconsejaba no intervenir o extraer sangre de una parte del cuerpo cuando la Luna se encontraba en el signo que supuestamente la gobernaba. El objetivo era evitar hemorragias, complicaciones o una recuperación difícil.

La astrología médica en la Edad Media

A partir del siglo XII, la traducción al latín de obras griegas y árabes devolvió a Europa occidental una gran cantidad de conocimientos sobre medicina, filosofía, matemáticas y astronomía. En ese ambiente intelectual, astronomía y astrología todavía no estaban separadas con la claridad actual. Saber calcular la posición de los cuerpos celestes podía tener usos calendáricos, religiosos, agrícolas, políticos y médicos.

Desde el siglo XIII, la astrología apareció dentro de la formación médica de distintas universidades europeas. No significa que todos los médicos medievales siguieran las mismas reglas ni que aceptaran cualquier forma de adivinación. Sin embargo, un profesional instruido podía consultar tablas planetarias, conocer las fases de la Luna y manejar un astrolabio para realizar cálculos relacionados con un paciente.

La teoría humoral seguía siendo fundamental. El médico observaba la orina, tomaba el pulso, preguntaba por los síntomas y analizaba el modo de vida del enfermo. La información astrológica se añadía a ese conjunto. Para quienes compartían aquel marco de pensamiento, el cielo no sustituía al examen del paciente: formaba parte de la naturaleza que supuestamente explicaba lo que ocurría en su cuerpo.

¿Qué era una carta de decumbitura?

La carta de decumbitura fue una de las herramientas más características de esta práctica. Se levantaba para el momento en que el enfermo había caído en cama, comenzaban los síntomas o se realizaba la consulta. El significado exacto dependía del método utilizado.

El astrólogo anotaba la fecha y la hora, calculaba la posición de los planetas y dibujaba un esquema del cielo. A partir de él intentaba determinar qué órgano estaba afectado, si la dolencia sería breve o prolongada, cuándo podía producirse una crisis y qué resultado tendría el tratamiento. Otros profesionales empleaban astrología horaria: elaboraban la carta correspondiente al instante en que recibían la pregunta del paciente o de un mensajero.

Estos registros dejaron una consecuencia inesperada. Astrólogos como Simon Forman y Richard Napier, activos en Inglaterra entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, anotaron miles de consultas con nombres, síntomas, preguntas y remedios. Aunque sus interpretaciones celestes carecen de validez científica, sus cuadernos ofrecen hoy una ventana excepcional a las preocupaciones, enfermedades y experiencias cotidianas de sus pacientes.

Astrología, plantas medicinales y Renacimiento

Durante el Renacimiento, la astrología médica convivió con cambios profundos en el estudio del cuerpo. Las disecciones anatómicas ganaron importancia, aumentó la circulación de libros impresos y algunos autores comenzaron a discutir la autoridad de los textos antiguos. Las estrellas, sin embargo, todavía no desaparecieron de la consulta.

Paracelso, nacido a finales del siglo XV, rechazó parte de la medicina universitaria basada en Galeno y defendió el empleo de sustancias minerales y preparados químicos. Su pensamiento mezclaba observación, alquimia, religión y astrología. Para él, el médico debía comprender tanto el cuerpo visible como las fuerzas del universo. Considerarlo un científico moderno sería engañoso, pero su crítica a la tradición contribuyó a transformar la medicina europea.

En el siglo XVII, el inglés Nicholas Culpeper relacionó plantas, órganos y planetas en sus populares obras de herbolaria. Además de traducir conocimientos médicos al inglés para acercarlos a lectores que no dominaban el latín, presentó remedios vegetales dentro de un sistema astrológico. Su libro póstumo sobre el juicio de las enfermedades a partir de la decumbitura muestra hasta qué punto seguían unidas la herbolaria y la interpretación del cielo.

Almanaques, epidemias y predicciones de salud

Los almanaques fueron uno de los medios más eficaces para llevar estas ideas a la población. Incluían calendarios, fases lunares, pronósticos meteorológicos, consejos agrícolas y recomendaciones para conservar la salud. También señalaban los días supuestamente favorables o peligrosos para sangrías y otros procedimientos.

La astrología se empleó incluso para intentar explicar epidemias. Cuando la peste golpeó Europa, algunos estudiosos atribuyeron su aparición a determinadas conjunciones planetarias. En la Inglaterra del siglo XVII hubo astrólogos que compararon las posiciones de los planetas con registros de mortalidad para tratar de anticipar el aumento o la reducción de las muertes.

Sus causas eran equivocadas, pero estos intentos revelan algo importante: antes de conocer los microorganismos y las vías de contagio, las sociedades también buscaban patrones para comprender las crisis sanitarias. La diferencia es que la epidemiología moderna contrasta hipótesis con datos, mecanismos biológicos y métodos estadísticos, mientras que las correspondencias astrológicas no han superado las pruebas científicas.

Palabras y símbolos que conservan parte de esa historia

La antigua relación entre cielo y salud dejó huellas en el lenguaje. “Influenza” procede del italiano influenza, que significa “influencia”. Durante siglos se habló de influencias celestes para explicar enfermedades, aunque el uso concreto del término evolucionó y también llegó a relacionarse con condiciones climáticas.

“Melancolía” viene del griego y significa “bilis negra”. En la medicina humoral, su exceso se asociaba con el abatimiento y otros síntomas. Más tarde, ese temperamento quedó vinculado con Saturno dentro de distintos sistemas astrológicos. “Lunático”, por su parte, conserva la antigua creencia de que la Luna podía provocar alteraciones mentales o ataques epilépticos.

¿El símbolo ℞ representa a Júpiter?

Otra historia popular asegura que el símbolo de las recetas médicas, ℞ o Rx, procede del signo astrológico de Júpiter. La explicación más aceptada es mucho más sencilla: deriva de recipe, una orden latina que significa “toma” o “recibe” y que encabezaba las recetas dirigidas al boticario.

La forma del símbolo puede recordar al glifo de Júpiter y existen relatos que relacionan ambos signos, pero esa semejanza no demuestra un origen astrológico. Presentarlo como un hecho seguro repite una etimología atractiva, aunque sin respaldo histórico suficiente.

¿Por qué desapareció la astrología de la medicina?

La separación no ocurrió de un día para otro. Durante los siglos XVII y XVIII, la astrología siguió teniendo defensores y lectores, pero perdió terreno frente a nuevas maneras de estudiar la enfermedad. La anatomía basada en disecciones, la investigación de la circulación sanguínea, la microscopía, la química y la observación clínica ofrecieron explicaciones que podían comprobarse de forma más directa.

También cambió la profesión médica. Las instituciones fueron delimitando qué conocimientos consideraban legítimos, mientras que la astronomía se consolidó como ciencia matemática y física. Más adelante, la teoría microbiana, la patología, los ensayos clínicos y la farmacología terminaron de desplazar los modelos basados en correspondencias planetarias.

En el siglo XIX, la astrología ya estaba fuera de la medicina académica, aunque sobrevivía en almanaques, prácticas populares y corrientes esotéricas. Su recuperación durante el siglo XX se produjo dentro de movimientos astrológicos y de algunas propuestas de salud alternativa, no como un regreso a la práctica médica científica.

Astrología médica en la actualidad: historia no es evidencia

La astrología médica posee un enorme interés para la historia de la medicina porque permite entender cómo otras sociedades construyeron explicaciones antes de disponer de conocimientos sobre células, bacterias, virus, genética o fisiología moderna. Estudiarla ayuda a comprender manuscritos, vocabulario, imágenes, remedios y decisiones clínicas del pasado.

Eso no significa que sirva para diagnosticar enfermedades hoy. No existe evidencia científica fiable de que una carta natal o el movimiento de los planetas permita identificar un problema de salud, predecir su evolución o elegir un tratamiento eficaz. Tampoco debe utilizarse para retrasar una consulta, modificar una medicación o evitar una prueba indicada por un profesional.

Algunas personas pueden acercarse a la astrología como práctica cultural, espiritual o simbólica. El límite necesario aparece cuando una interpretación se presenta como diagnóstico, provoca miedo o sustituye la atención sanitaria. Una afirmación como “este tránsito causará cáncer” no solo carece de fundamento: puede causar un daño real.

Preguntas frecuentes sobre la astrología médica

¿La astrología y la medicina estuvieron siempre unidas?

No en todo lugar, periodo o tradición. Sí mantuvieron una relación estrecha en importantes corrientes de la medicina antigua, medieval y renacentista. La frase “siempre fueron inseparables” simplifica una historia mucho más diversa.

¿Los médicos medievales consultaban el zodiaco?

Muchos médicos instruidos conocían las correspondencias zodiacales y algunos las utilizaban para calcular el momento de una sangría, valorar el curso de una enfermedad o preparar un pronóstico. Otros profesionales podían darles menos importancia o desconfiar de ciertas técnicas adivinatorias.

¿Hipócrates afirmó que todo médico debía conocer astrología?

La frase suele llevar su nombre, pero no se ha identificado una fuente fiable dentro de los textos hipocráticos conservados. Por tanto, no debería citarse como una declaración auténtica de Hipócrates.

¿La astrología médica es una terapia válida?

No. Su relevancia es histórica y cultural, pero sus afirmaciones diagnósticas y terapéuticas no cuentan con respaldo científico. Ante síntomas o dudas sobre la salud, la opción segura es consultar a un profesional sanitario cualificado.

Una ventana al modo en que el pasado entendía el cuerpo

La historia de la astrología médica no es la historia de una ciencia olvidada que deba recuperarse, sino la de un antiguo sistema de conocimiento que pareció razonable dentro de su época. El hombre zodiacal, las cartas de decumbitura y los almanaques muestran el esfuerzo humano por encontrar orden en la enfermedad cuando todavía se desconocían sus mecanismos reales.

Su legado más valioso no está en las predicciones, sino en las preguntas que plantea. ¿Cómo decide una sociedad qué cuenta como conocimiento? ¿Por qué una explicación puede resultar convincente durante siglos? ¿Y qué cambia cuando es posible ponerla a prueba? Mirar esa transición ayuda a valorar uno de los mayores avances de la historia de la medicina: el paso de las correspondencias simbólicas a la evidencia comprobable.

Instagram y salud mental: por qué el scroll puede afectar más que conversar por WhatsApp

Instagram y WhatsApp pertenecen a la misma empresa y viven en el mismo teléfono, pero no ocupan el mismo lugar en nuestra vida. En una solemos hablar con personas que conocemos; en la otra, un algoritmo decide qué imagen, vídeo o influencer veremos a continuación. Esa diferencia, que parece pequeña, podría explicar por qué una aplicación se relaciona con un mayor bienestar y la otra con más malestar psicológico. Sin embargo, hay un detalle importante que se pierde en los titulares: el problema no es solo cuánto tiempo miramos una pantalla, sino qué hacemos durante ese tiempo.

El Informe Mundial de la Felicidad 2026, elaborado bajo el liderazgo del Wellbeing Research Centre de la Universidad de Oxford, analizó la relación entre las redes sociales y el bienestar en distintas regiones. Sus resultados señalan que las plataformas centradas en la comunicación, como WhatsApp, presentan asociaciones más favorables que aquellas dominadas por recomendaciones automáticas, contenido visual e influencers, como lo mejor de Instagram y TikTok.

Esto no significa que Instagram cause depresión en todas las personas ni que WhatsApp sea inocuo. La conclusión es más útil y también más compleja: el diseño de una plataforma, la forma de utilizarla, el tiempo de exposición y la situación personal de cada usuario cambian sus posibles efectos sobre la salud mental.

Instagram y salud mental: por qué el scroll puede afectar más que conversar por WhatsApp

¿Qué descubrió el Informe Mundial de la Felicidad 2026?

El informe no se basa en un único experimento mundial. Reúne varios estudios y bases de datos que permiten observar el problema desde diferentes ángulos. Uno de los análisis más interesantes para el público hispanohablante utilizó información del Latinobarómetro en 17 países de América Latina y datos de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado de México.

En el estudio mexicano, el uso más frecuente de WhatsApp y Facebook se relacionó con una mayor satisfacción con la vida, una mejor evaluación personal y más emociones positivas. WhatsApp también mostró una asociación con menos emociones negativas y menos problemas de salud mental.

El patrón fue distinto para Instagram, TikTok y X. El uso de estas plataformas se relacionó, en general, con menor felicidad, más emociones negativas y más problemas de salud mental. En el caso concreto de Instagram, también apareció una relación con una peor evaluación de la propia vida. Al ampliar el análisis a los 17 países latinoamericanos, la diferencia entre las aplicaciones orientadas a la conexión social y las centradas en contenido algorítmico se mantuvo.

Hay que leer bien esas palabras: los investigadores encontraron asociaciones, no una prueba definitiva de causa y efecto. Una persona puede sentirse peor después de pasar horas comparándose con otros en Instagram, pero también puede entrar más en la aplicación porque ya se siente sola, ansiosa o triste. Ambas direcciones pueden actuar al mismo tiempo.

¿Por qué Instagram puede afectar más al bienestar que WhatsApp?

La diferencia principal no está en el logotipo, sino en la experiencia que propone cada aplicación.

WhatsApp se usa sobre todo con una intención concreta: escribir a un amigo, organizar una reunión familiar, enviar un audio o mantener el contacto con alguien que vive lejos. La conversación tiene un comienzo, un destinatario y, normalmente, un vínculo previo. Esa comunicación puede reforzar el apoyo social, uno de los factores que más protegen el bienestar emocional.

Instagram funciona de otra manera. Aunque también permite hablar y compartir con amigos, buena parte de la experiencia ocurre dentro de un flujo de contenido que no termina. Cada gesto aporta información al sistema, que selecciona nuevas publicaciones para retener la atención. El usuario puede entrar para mirar una foto y descubrir, veinte minutos después, que sigue deslizando sin recordar muy bien qué ha visto.

En ese entorno aparecen varios mecanismos capaces de aumentar el malestar. La comparación social es uno de ellos: vemos cuerpos, viajes, relaciones y estilos de vida cuidadosamente seleccionados, pero los comparamos con nuestra vida completa, incluidos sus días aburridos y difíciles. También influyen el miedo a quedarse fuera, la búsqueda de aprobación mediante reacciones y la exposición repetida a contenidos que despiertan enfado, inseguridad o preocupación.

El contenido visual añade otra capa. Una imagen se procesa con rapidez y puede provocar una respuesta emocional antes de que la analicemos con calma. Si además llega acompañada de filtros, publicidad encubierta o ideales poco realistas, es fácil confundir una representación editada con una vida normal.

El tiempo importa, pero una hora no es una receta médica

Otro capítulo del informe estudió a más de 270.000 adolescentes de 15 y 16 años incluidos en PISA 2022, procedentes de 47 países. Entre las chicas, la satisfacción media con la vida fue mayor en quienes usaban las redes menos de una hora al día y descendió a medida que aumentaban las horas. La diferencia fue especialmente marcada en Europa occidental y en los dos países anglófonos incluidos en ese análisis, Reino Unido e Irlanda.

Entre los chicos, el patrón fue menos uniforme. La caída clara apareció sobre todo en Europa occidental y en los países de habla inglesa estudiados. Esto recuerda que no todos los adolescentes reaccionan igual y que el género, la cultura, la edad, el apoyo familiar y la situación económica pueden modificar el riesgo.

Los datos también mostraron una especie de punto medio: un uso bajo podía relacionarse con mayor satisfacción que no utilizar redes, mientras que el uso muy intenso se asociaba con peores resultados. Pero menos de una hora no debe interpretarse como una dosis médica universal. Se trata de un promedio observado, no de una frontera capaz de separar automáticamente lo saludable de lo dañino.

Una hora hablando con una amiga que ofrece apoyo puede tener un efecto muy distinto a una hora viendo vídeos que hacen sentir insuficiente a la persona. Por eso, contar minutos ayuda, pero no cuenta toda la historia.

De medir “tiempo de pantalla” a estudiar la experiencia digital

La investigación sobre redes sociales y salud mental está viviendo un cambio parecido al que ha ocurrido muchas veces en la historia de la medicina: una primera pregunta general da paso a otras más precisas. Al principio, gran parte del debate se reducía al “tiempo de pantalla”, como si todas las pantallas y actividades fueran equivalentes. Hoy se estudian por separado el diseño de las aplicaciones, el contenido consumido, la edad del usuario, el uso activo o pasivo y el contexto social.

La evolución puede verse en pocos años. En 2023, la autoridad sanitaria de Estados Unidos advirtió que todavía no podía considerarse demostrado que las redes fueran suficientemente seguras para niños y adolescentes. En 2024, un informe de consenso de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina pidió prestar más atención al diseño de los productos y a sus estrategias para retener usuarios. En 2026, el Informe Mundial de la Felicidad avanzó un paso más al comparar tipos de uso, plataformas y regiones.

Esta perspectiva evita dos errores. El primero es pensar que toda tecnología es perjudicial. El segundo es suponer que una herramienta útil no puede causar daño. Las redes pueden ofrecer comunidad, información y apoyo, sobre todo a quien está aislado. Al mismo tiempo, pueden desplazar el sueño, el ejercicio, el estudio y las relaciones cara a cara.

¿WhatsApp es entonces bueno para la salud mental?

No necesariamente. El resultado favorable observado en promedio no convierte a WhatsApp en un tratamiento ni garantiza una experiencia positiva. Los grupos pueden generar presión para responder, conflictos, acoso, difusión de rumores y una sensación de disponibilidad permanente. Las notificaciones nocturnas también pueden interrumpir el sueño, y un chat que produce angustia sigue siendo dañino aunque la aplicación esté diseñada para conversar.

Además, una plataforma puede cambiar. WhatsApp ha incorporado canales, estados y otras funciones que se alejan de la mensajería privada. Facebook, clasificado en el estudio latinoamericano como una red de conexión social, también posee recomendaciones algorítmicas y contenido de creadores. Las categorías describen el uso predominante que captaron los datos, no una cualidad fija para siempre.

La pregunta más útil no es “¿qué aplicación es buena?”, sino “¿esta manera de usarla fortalece mis vínculos o me deja peor?”.

Cómo reducir el impacto de las redes sociales sin abandonarlas

Una primera medida es entrar con una intención. Abrir Instagram para ver la publicación de una persona concreta no es lo mismo que abrirlo por reflejo y dejar que el algoritmo marque el recorrido. Antes de tocar el icono, puede ayudar preguntarse qué se busca y salir cuando esa acción termina.

También conviene transformar parte del consumo pasivo en contacto real. Enviar un mensaje a un amigo, participar en una conversación significativa o acordar un encuentro suele aportar más que observar durante horas la vida editada de desconocidos. No se trata de cambiar Instagram por WhatsApp de forma automática, sino de cambiar comparación por conexión.

Reducir las señales que invitan a volver funciona mejor que confiar únicamente en la fuerza de voluntad. Silenciar notificaciones, retirar la aplicación de la pantalla principal, dejar de seguir cuentas que generan malestar y establecer momentos sin teléfono hace que el uso sea menos impulsivo. Proteger la última hora antes de dormir resulta especialmente importante, porque el descanso insuficiente puede empeorar el estado de ánimo, la atención y la capacidad para afrontar el estrés.

En familias con adolescentes, las reglas funcionan mejor cuando se hablan y los adultos también las cumplen. Un plan familiar puede fijar espacios sin móvil, como la mesa o el dormitorio, y mantener abierta la conversación sobre acoso, imágenes íntimas, comparación corporal y contenidos que asustan. Vigilar en secreto no sustituye la confianza.

Señales de que es momento de pedir ayuda

El uso de redes merece atención cuando empieza a interferir con el sueño, los estudios, el trabajo, la alimentación, el ejercicio o las relaciones. También son señales de alerta la ansiedad intensa al separarse del teléfono, la pérdida de control, el aislamiento, la irritabilidad constante y una tristeza que no desaparece.

En adolescentes, los cambios bruscos de conducta, el abandono de actividades que antes disfrutaban o las expresiones de desesperanza no deben atribuirse sin más a “cosas de la edad” o al móvil. Un profesional de la salud puede evaluar el conjunto de la situación. Si existe riesgo de autolesión o suicidio, hay que buscar ayuda urgente en los servicios de emergencia del país y no dejar sola a la persona.

No todas las redes son iguales, ni todos las usamos igual

El gran aporte del Informe Mundial de la Felicidad 2026 es desplazar el debate desde la pantalla hacia la experiencia. Instagram no perjudica por el simple hecho de mostrar fotografías, y WhatsApp no protege por el simple hecho de enviar mensajes. Lo que parece importar es si la tecnología facilita una relación elegida o captura la atención; si acerca a personas reales o empuja a compararse; y si ocupa un espacio razonable o desplaza necesidades básicas.

La medicina y la salud pública todavía están construyendo respuestas, y quedan preguntas abiertas. Aun así, la evidencia disponible permite tomar una decisión práctica desde hoy: usar las redes para conectar, no para quedarse atrapado en ellas. El mejor indicador no es solo el reloj. Es cómo nos sentimos al cerrar la aplicación.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Apps de citas e ITS: riesgos reales y claves para proteger la salud sexual

Deslizar el dedo hacia la derecha no transmite una infección. Sin embargo, lo que ocurre después de un match sí puede influir en la salud sexual. Durante años, Tinder, Grindr y otras aplicaciones de citas han sido señaladas como responsables del aumento de las infecciones de transmisión sexual. La realidad es menos simple: las apps pueden facilitar nuevos encuentros, pero también pueden convertirse en una vía directa hacia información fiable, pruebas diagnósticas y medidas de prevención. La diferencia está en cómo se utilizan y en las herramientas que ofrecen.

Apps de citas e ITS: riesgos reales y claves para proteger la salud sexual

¿Las aplicaciones de citas aumentan las infecciones de transmisión sexual?

Algunos estudios han encontrado que quienes usan aplicaciones para conocer parejas presentan, en ciertos grupos, más relaciones con parejas nuevas, más encuentros ocasionales o un mayor uso de alcohol y otras sustancias antes del sexo. También se han observado asociaciones entre el uso de apps y prácticas como mantener relaciones sin preservativo.

Pero una asociación no demuestra que Tinder, Grindr u otra plataforma sea la causa. Buena parte de estas investigaciones son observacionales: muestran que dos fenómenos aparecen juntos, pero no permiten saber cuál ocurrió primero. Las personas que ya buscaban encuentros ocasionales o tenían varias parejas pueden ser, precisamente, quienes más recurren a estas herramientas. Además, no todos los usuarios buscan sexo ni todas las citas terminan en una relación sexual.

Por eso, culpar solamente a la tecnología es una explicación incompleta. El riesgo depende de las prácticas concretas, del acceso a preservativos y pruebas, de la educación sexual, del consumo de sustancias, de la posibilidad de negociar límites y de otros factores personales y sociales. Una app amplía la forma de conocer gente; no decide si habrá protección, consentimiento o una conversación previa sobre salud.

Las ITS suelen pasar inadvertidas

Las infecciones de transmisión sexual o ITS —también conocidas como ETS— pueden transmitirse mediante sexo vaginal, anal u oral y, en algunos casos, por contacto directo entre piel y mucosas. La clamidia, la gonorrea, la sífilis, el herpes genital, el virus del papiloma humano (VPH), la hepatitis B y el VIH son algunos ejemplos.

La Organización Mundial de la Salud calcula que cada día se adquieren más de un millón de ITS curables entre personas de 15 a 49 años. También estimó que en 2020 se produjeron 374 millones de nuevas infecciones por clamidia, gonorrea, sífilis y tricomoniasis. Un dato ayuda a entender por qué continúan circulando: muchas ITS no producen síntomas o provocan molestias tan leves que pasan desapercibidas.

Por tanto, no es posible saber si alguien tiene una infección por su aspecto, su higiene o lo que indica en su perfil. Tampoco basta con que una persona diga que “está bien”. Conocer el estado de salud requiere pruebas realizadas en el momento adecuado y, cuando corresponda, una valoración profesional.

De posible riesgo a herramienta de prevención

Las aplicaciones reúnen a millones de personas justo en el momento en que están pensando en una cita, una relación o un encuentro sexual. Esa cercanía ofrece una oportunidad que una campaña sanitaria tradicional no siempre consigue: presentar información útil cuando puede ser más relevante.

Un estudio publicado en 2022 evaluó anuncios digitales para ofrecer pruebas de VIH en casa a hombres jóvenes con mayor riesgo de exposición. Las aplicaciones de citas demostraron tener potencial para impulsar la solicitud de estas pruebas. El resultado no significa que cualquier anuncio vaya a cambiar conductas, pero sí confirma que estas plataformas pueden conectar a determinados grupos con servicios sanitarios que quizá no buscarían por otra vía.

Una app comprometida con la salud sexual podría incluir un buscador de centros de pruebas, información sobre preservativos, vacunación, PrEP y PEP, recordatorios voluntarios para controles y acceso a telemedicina o autotest donde estén disponibles. También puede difundir campañas adaptadas al idioma y la ubicación del usuario, además de facilitar sistemas confidenciales para avisar a parejas tras un diagnóstico.

El tono importa. Los mensajes alarmistas o moralistas suelen alimentar la vergüenza, mientras que una comunicación breve, clara y sin juicios favorece que las personas hagan preguntas y pidan ayuda.

¿Conviene mostrar el estado de las pruebas en el perfil?

Algunas plataformas permiten compartir la fecha de la última prueba, el uso de PrEP u otros datos relacionados con la salud sexual. Estas opciones pueden normalizar la conversación, pero no deberían convertirse en una garantía ni en una obligación.

Un resultado negativo describe una prueba realizada en un momento concreto. Puede existir un periodo ventana durante el cual una infección reciente todavía no sea detectable, y también pueden haber ocurrido nuevas exposiciones después del análisis. Además, no todas las pruebas buscan las mismas infecciones ni toman muestras de las mismas zonas del cuerpo.

Los datos de salud son especialmente sensibles. Lo responsable es que cualquier campo sea opcional, explique sus límites y cuente con controles de privacidad claros. Una aplicación no debería presionar a nadie para revelar un diagnóstico públicamente ni permitir que esta información se utilice para discriminar. El perfil puede abrir la conversación, pero no sustituye una prueba ni una consulta médica.

Cómo cuidar la salud sexual al usar apps de citas

La prevención empieza antes del encuentro. Hablar de protección no arruina el momento; evita tener que improvisar cuando resulta más difícil tomar decisiones. Preguntas como “¿qué método prefieres usar?”, “¿cuándo fue tu última prueba?” o “¿hay algún límite que quieras dejar claro?” permiten conversar sin convertir el diálogo en un interrogatorio.

El preservativo externo o interno, utilizado correctamente desde el inicio hasta el final de la relación sexual, reduce de forma importante el riesgo de muchas ITS. En el sexo oral también pueden emplearse preservativos o barreras bucales. Aun así, estas medidas no cubren toda la piel y ofrecen menos protección frente a infecciones que pueden transmitirse desde zonas no cubiertas, como el herpes, la sífilis o el VPH.

El lubricante ayuda a disminuir la fricción y la posibilidad de rotura del preservativo. Con preservativos de látex conviene elegir productos a base de agua o silicona, ya que aceites, cremas corporales y otros productos grasos pueden dañarlos. Llevar protección propia permite decidir con calma y evita depender de que la otra persona la tenga.

La vacunación también forma parte del cuidado. Existen vacunas eficaces contra el VPH y la hepatitis B, aunque la edad, el esquema y las recomendaciones dependen del país y de la situación de cada persona. Un centro de salud puede comprobar si la pauta está completa.

Para quienes tienen una posibilidad continuada de exposición al VIH, la profilaxis preexposición o PrEP puede ser una opción. Se trata de medicación preventiva que debe indicarse y controlarse con profesionales de la salud. Reduce en gran medida el riesgo de adquirir el VIH cuando se utiliza correctamente, pero no previene otras ITS ni un embarazo.

El consentimiento también es salud. Debe ser libre, claro, específico y reversible en cualquier momento. Un match, aceptar una cita o entrar en una casa no equivale a consentir una práctica sexual. Si alguien está demasiado intoxicado para decidir con claridad, no puede dar un consentimiento válido.

¿Cuándo conviene hacerse pruebas de ITS?

No existe una frecuencia única que sirva para todo el mundo. Depende de las prácticas sexuales, el número de parejas, el uso de barreras, los antecedentes y las recomendaciones sanitarias de cada país. Puede ser necesario consultar si hubo una nueva pareja, sexo sin protección, rotura del preservativo, varias parejas, síntomas, un diagnóstico previo o el aviso de una persona con la que se mantuvo contacto sexual.

Las pruebas deben adaptarse a las prácticas. En algunos casos, un análisis de sangre o una muestra de orina no son suficientes: puede hacer falta tomar muestras de la garganta, el recto o los genitales. También importa el tiempo transcurrido desde la posible exposición. Hacerse una prueba demasiado pronto puede ofrecer una falsa tranquilidad, por lo que el profesional puede recomendar repetirla tras el periodo ventana correspondiente.

Se debe pedir atención médica si aparecen secreciones inusuales, dolor o ardor al orinar, llagas, ampollas, verrugas, erupciones, dolor pélvico o testicular, sangrado fuera de lo habitual o molestias durante las relaciones. Sin embargo, esperar a tener síntomas no es una estrategia segura, porque muchas infecciones son silenciosas.

Qué hacer después de una posible exposición

Si el preservativo se rompe o se produce una situación con posible exposición al VIH, hay que buscar atención sanitaria cuanto antes. La profilaxis posexposición o PEP es un tratamiento de urgencia que debe iniciarse dentro de las primeras 72 horas; cuanto antes, mejor. No está pensada para exposiciones frecuentes ni sustituye otras formas de prevención.

Si también existe posibilidad de embarazo, conviene consultar ese mismo día por las opciones de anticoncepción de emergencia disponibles. Los plazos y métodos pueden variar, por lo que no es buena idea esperar a que aparezca un síntoma.

Ante un diagnóstico de ITS, se deben seguir las indicaciones médicas, completar el tratamiento y avisar a las parejas que puedan necesitar pruebas o tratamiento. Automedicarse con antibióticos sobrantes puede dificultar el diagnóstico y favorecer la resistencia a los medicamentos. Hasta recibir indicaciones claras sobre cuándo retomar las relaciones, es prudente evitar el contacto que pueda transmitir la infección.

Cuatro ideas equivocadas que aumentan el riesgo

“Si no hay síntomas, no hay infección”

Es falso. Muchas ITS no provocan señales visibles durante semanas, meses o incluso años. Las pruebas son la única forma de conocer el estado con mayor seguridad.

“Si el perfil dice negativo, no necesito protección”

Ese dato puede estar desactualizado, corresponder a una sola infección o haberse obtenido durante un periodo ventana. Debe verse como el inicio de una conversación, no como un certificado.

“La PrEP evita todas las ITS”

No. La PrEP previene el VIH, pero no protege frente a gonorrea, clamidia, sífilis, herpes, VPH u otras infecciones. Tampoco funciona como anticonceptivo.

“Preguntar por una prueba demuestra desconfianza”

Hablar de salud sexual es una forma de cuidado mutuo. La conversación funciona mejor si ambas personas comparten información y acuerdan cómo reducir riesgos, en lugar de exigir garantías imposibles.

Las apps no son el enemigo: el silencio sí puede serlo

Las aplicaciones de citas pueden acelerar los encuentros y ampliar las redes sexuales, pero no existe una base sólida para responsabilizarlas por sí solas del aumento de las ITS. Son una parte del contexto, junto con la educación, el acceso a servicios, las decisiones individuales y las condiciones sociales.

Usadas con responsabilidad, estas plataformas también pueden acercar pruebas, vacunación, preservativos, PrEP, atención médica e información fiable a personas que los necesitan. El mejor cambio no sería pedir a los usuarios que abandonen las apps, sino lograr que cada match tenga a mano herramientas para decidir con información, hablar sin estigma y disfrutar de una vida sexual más saludable.

Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud. Las recomendaciones y los servicios disponibles varían según el país.